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jueves, 10 de febrero de 2011

Irónico cupido.


He buscado el amor por todos lados.
En las calles vacías, en altas horas de la noche.

Un día te encontré, con tu cabello largo y tus ojos taciturnos.
Te bese con ternura y con pasión
Te conté lo que mi corazón siente,
Te dije un poema.

Con tu ternura fraternal, con tu transparencia, pensé:
¡He aquí el amor!

Ese que tanto soñé, que busque. Con mis ganas de amar,
con mis ganas de soltarle la mano a la soledad.

No puedo negarlo sin querer te enamore.

He tratado de obligarme a amar a tan buena mujer.
(Ame tantas veces erróneamente)

No pude.

¿Tengo el corazón de piedra o vacío?

No lo se, simplemente no puedo amarte.
Sin quererlo te lastime.

Nunca fuí correspondido, ame tantas veces sin ser amado.
Hoy cuando tu corazón lleva mi nombre…
Maldigo al cielo por no sentir nada.

En mi vida cupido siempre tuvo dos flechas:
Una para enamorar y otra para herir;
pero siempre a la misma persona.


He encontrado una tierna y dulce mujer.
No puedo mentirle…

No siento nada.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

"la soledad"


Cuando el sueño se trasforma en vigilia,
pude oír a las paredes de mi habitación murmurar.

La mesa llena de recuerdos y poemas me miraba como diciendo:
¿Dónde esta tu amor?

En mi pecho mi corazón parecía sobresalirse,
se quería escapar, huir de esta fría habitación.

Los sonidos del silencio gritaban ironías a mis oídos y
la pregunta llego a mi frente –
¿Dónde está tu amor?

Allá afuera oía a los perros ladrar,
no se que decían, solo se que la noche es asesina de poetas.
Si suena a un absurdo, esta es mi absurda realidad.

Déjame un poema decía el viento; no quise oír.

Una luna brillante y menguante, como por mera casualidad
se vio através del cristal, convenciendo a mi iris que ella es mi amor.
Deje de mirarla.

Mire a mi interior, ahí me estaba esperando la imaginación,
que en mi mente decía: déjame ser tu amor;
deje de imaginar para resolver la lógica ecuación y
pensar donde estará mi amor.

Cuando daba por terminada esta dulce y melancólica poesía.

Oí una voz muy tierna susurrar una frase a mi oído.
(Temí porque mi habitación estaba vacía)
- ¡déjame ser tu amor, que es la única que tienes,
yo soy tu verdad, la cual jamás te voy abandonar!

¿Quién eres?- pregunte confuso y con miedo.

-yo soy tu reina, tu amor, déjame besarte entre estos versos vacíos.
Yo soy la “soledad”.

Desconcertado no sabia que contestar;
pero cupido ya había herido de amor mi corazón.

-déjame ver si este poema lo quiere quien es dueña de mi amor,
Si este poema llega a sus manos y de sus manos al corazón.

¡OH! Soledad de mí te podrás olvidar…